Sí, no o abstenerse

Por Germán Ayala Osorio

En breve el país entrará en una nueva etapa de la ya sempiterna polarización política e ideológica que vive entre Paz y Guerra. Y esa etapa o momento está asociado al proceso de refrendación de lo acordado en La Habana entre los negociadores de las Farc y del Gobierno de Santos.

Si, No o abstenerse son las tres opciones sobre las cuales girará la polarización política con la que deviene desde ya la convocatoria al plebiscito por la paz. Quienes votaremos por el SI, estamos convencidos de las bondades que traerá ponerle fin al conflicto armado interno, sin olvidar que lo más difícil y complejo vendrá con la implementación y el respeto por lo acordado. La consecución de la paz, como fin último, sabemos que demandará grandes sacrificios y transformaciones que muchos sectores de poder no están dispuestos a hacer y a permitir.

Un triunfo del SÍ le dará una “legitimidad extra” al Proceso de Paz  y abonará el camino electoral de los aspirantes presidenciales (para el 2018) que decidan respaldar los acuerdos y comprometerse con respetarlos. Mayor será el sentido de dicha legitimidad si el triunfo del SÍ resulta contundente, a pesar de las condiciones mínimas que ofrece el umbral[1].

Ahora bien, la contundencia del SI no puede venir exclusivamente de los votos a favor de la firma del conflicto armado. Debe sumarse a esta tendencia el decidido apoyo de  aquellos colombianos que si bien se abstendrán de votar el plebiscito[2], están claros que en el escenario electoral de 2018 respaldarán al candidato presidencial que abiertamente apoye lo acordado en La Habana.

Puede darse esa situación, en especial en aquellos votantes que suelen dejarse llevar por encuestas y tendencias previas a los eventos electorales. O simplemente, aquellos que al momento de votar el plebiscito tengan dudas sobre el sentido de lo acordado entre Farc y el Gobierno de Santos.  De allí que el Gobierno esté en mora en liderar una campaña publicitaria que busque “desmontar” todos esos fantasmas y miedos que sectores de derecha y la ultraderecha se han encargado de generar y difundir en torno a los acuerdos de paz, con el concurso de medios como el noticiero Noticias RCN.

La campaña publicitaria por el SÍ debe tener como objetivo estratégico desmontar los miedos que el Centro Democrático, Acore, el Procurador Ordóñez y Fedegan, entre otros, se han encargado de crear en una opinión pública fácilmente manipulable y manipulada, gracias a la baja capacidad de discernimiento y análisis de cientos de miles de colombianos que hacen parte de las audiencias urbanas que creen en lo que dicen RCN, La W y los informativos de Cable Noticias, entre otros.

Por el contrario, una victoria del NO, igualmente contundente, restará algo de  legitimidad al Proceso de Paz, y ese hecho político podría beneficiar a los precandidatos y candidatos a la Presidencia que en el 2018 se presenten con la clara intención de desconocer los Acuerdos o de intentar torpedear su implementación, a pesar del blindaje jurídico-político de los mismos.

Podrá darse, en ese escenario de derrota del proceso refrendatorio, que figuras como Vargas Lleras, que vienen guardando hermético y sospechoso silencio en torno a los diálogos de La Habana, aprovechen la coyuntura electoral de 2018 para develarse y recoger las dudas, molestias, reparos y miedos de esos sectores de poder económico, político, social y militar que no acompañan el Proceso de Paz.

Ante un eventual triunfo del NO, Vargas Lleras muy seguramente buscará acercamientos[3] con Uribe Vélez y otros sectores de Derecha y de la ultraderecha. Convertido e investido como el candidato presidencial que “evitará la entrega del Estado al terrorismo”, el país entrará en un mayor escenario de polarización política, gracias  a  que una porción del pueblo colombiano, en las urnas, negó la posibilidad de ponerle fin a una guerra degradada de más de 50 años.

Resultaría sorprendente e incomprensible para los sectores de poder externo que siguen y apoyan los diálogos de paz de La Habana, que un puñado importante de electores digan NO a la refrendación de los acuerdos de paz. Pero esa situación se puede dar y por ello debemos estar atentos a que los altos niveles de polarización nos lleven a desconocer esa negativa decisión electoral.

Mientras inician las campañas por el SI, el NO o la abstención, Vargas Lleras seguirá consolidando su poder regional y alimentando su aspiración de convertirse en el salvador de Colombia, esta vez ya no por cuenta de una amenaza terrorista, sino por cuenta de un Presidente que le “entregó el país al terrorismo”.

Investido como el segundo Mesías, Germán Vargas Lleras[4] será el artífice de que Colombia se acerque a vivir débiles escenarios de posacuerdo y posconflicto, en la medida en que sus acciones y decisiones políticas estarían encaminadas a dilatar en el tiempo las transformaciones sociales, económicas, culturales e institucionales que se requieren para consolidar la paz y la reconciliación entre los colombianos.

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[1] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2015/11/las-consecuencias-de-votar-por-el-si-o.html

[2] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2014/06/15-de-junio-el-primer-plebiscito-para.html

[3] Véase: http://www.elespectador.com/opinion/vargas-lleras-presidente-dios-nos-coja-confesados

[4] Véase: http://www.razonpublica.com/index.php/politica-y-gobierno-temas-27/1242-la-santisima-trinidad-uribe-santos-vargas-lleras.html

La ciudad ‘Fariana’

Por: Alfonso Suarez Arias

“Con el dinero se puede fundar una casa espléndida, pero no una familia dichosa.”

Considerando que la firma del acuerdo para dar por terminado el conflicto armado es un hecho que criaría la quimera de crear un ambiente de paz bajo condiciones pre-establecidas, y lográndose tal efecto con la aquiescencia de raudales de dinero puestos en el proceso, salidos del patrimonio colombiano, pero calculados mínimos egresos, teniendo en cuenta lo que falta y que se gastará para ambientar épicamente la construcción del escenario pacificado, solo queda por instigar no por irónica propuesta sino en un acto de gallarda aceptación de pasmosa realidad, la fundación dentro del territorio nacional de ‘Ciudad Fariana’.

Sería una ciudad, urbanizada y edificada según especificaciones de un ordenado plan de habitabilidad, en un espacio geográfico donde sea relevante el medio ambiente interactuando con la civilización, cerca de ríos, tierras productivas, aceptable clima. Un lugar entre los llanos y la selva colombiana, nada difícil de elegir por sus fundadores.

Más que un sitio de concentración, florecería una ciudadela para las huestes farianas y aquellos autores de terror que anhelan el relativo sosiego fantaseado por su propia angustia, una ciudad contenida en el concepto de entidad territorial descentralizada administrativa, política y económicamente, aprovechando que sus habitantes son dueños de una riqueza inmensa que allí podrían legitimar, con autonomía dentro del respeto al ordenamiento estatal y a la vez con cierta distancia de la sociedad mayoritaria que impera en Colombia.

Así los guerrilleros irían amoldando sus vulgares costumbres y gradualmente compartirían con la comunidad más avanzada y culta, desarrollando actividades legales para que pierdan esa habitualidad de agredir, extorsionar o secuestrar, así refrendarían el concepto de ser más simpáticos de lo que encubren.Esa ciudad no estaría aislada sino protegida hacia su interior y controlada hacia el exterior por mutua seguridad y cierto recelo compartido, allí podrían desarrollar el intercambio industrial, comercial, cultural y turístico con el compatriota indulgente.

No es fantasioso lo expuesto, pero sí, se avizora una realidad pasmosa en el asentamiento de grupúsculos esparcidos por la geografía, bajo el esquema de zonas de reserva campesina, que inmiscuidos desordenada y autoritariamente entrarán en conflicto con el auténtico colectivo agrario, trabajador y productivo.

A Colombia más que el orden jurídico debe importarle la realidad social del orden, para equilibrar con la amenaza de someter a una gran nación a la voluntad perversa de unos pocos avaros de riqueza personal y poder, interesados en subyugar la soberanía a ignominiosos regímenes políticos.

Solo pensando en grande se puede proyectar otro porvenir.

El lucrativo negocio de la paz

Por: Alfonso Suarez Arias*

Es necesario que el ciudadano de a pie trate de entender de una manera simplista la complejidad del llamado “proceso de negociación de paz”, que realmente se trata de un “acuerdo para dar por terminado un conflicto parido en mala forma por un grupo armado al margen de la ley”, y más aun; dejar muy claro que es la imposición de condiciones y exigencias y no la ”negociación”, puesto que solo el componente violento notifica y demanda, mientras los soterrados representantes del gobierno se han limitado a aceptar y asentir en todo.

Cómo es posible que después de más de tres años especulando posibles epílogos que pudieran dar término a tal sainete, se emitan definiciones y conclusiones copiadas del ámbito constitucional como producto de  concienzuda reflexión…(?). Los farianos hacen saber a la ciudadanía que “los acuerdos que se construyen en La Habana tienen el propósito de promover, proteger y garantizar los derechos de todos los colombianos, en particular los de las víctimas”, un regalo de ellos y no la obligación del Estado.

Y en un mediático y magnánimo acto, los narcoguerrilleros elaboran el “Acuerdo sobre las víctimas del conflicto”, un documento de digno encomio por la capacidad burlesca y satírica de los señores de las Farc  y sus redactores, en el que plasman subjetivamente el concepto de víctima y declaran victimario al Estado y sus agentes, es decir las víctimas son los guerrilleros y los victimarios militares y policías sacrificados y defensores del honor de la patria, aparte de considerar a los civiles, coadyuvantes de los victimarios.

Con esa condición aceptada y cumplida, la Nación debe indemnizar a las “victimas” y garantizar la no repetición de tales sucesos mediante satisfacción de exigencias a los farianos, de lo contrario podrían ejercer con sus armas (disponibles en algún lugar, porque no las entregarán), ataques repetitivos a civiles e instituciones en calidad de mártires obligados a cometer delitos (no punibles para ellos) conexos del conflicto político, en otra maniobra que ha dado por cambiar el sentido y conceptualización de la justicia.

Así se refrenda el concepto de justicia transicional, cuya interpretación y construcción jurídica es todo un legado exegético explicativo del derecho, pero que aquí simplemente es la justicia especial para dar legalidad a los actos crueles e inhumanos que cometieron los guerrilleros y quedarán cobijados  por  la impunidad y la parafernalia de una sanción social que en nada reivindicaría el daño efectivo causado por sus delitos.

Insertan en el ordenamiento la figura de un Tribunal especial colegiado por magistrados colombianos y extranjeros, para juzgar, revisar, exonerar o castigar a responsables o indiciados de graves delitos durante el conflicto armado, seguramente señalados por los mismos guerrilleros en su afán de mantener vigente la calidad de negociadores activos de una confrontación delincuente-sociedad que está muy lejos de finalizar, al contrario tendiendo a eternizarse bajo esa subliminal consideración de extorsión social generalizada, apoyada por armas que mantendrán disponibles y porque al fin y al cabo , una de las mejores oportunidades de lucro e indemnidad está en invocar la paz como elemento negociable.

Lógicamente se requiere mucho dinero para financiar tal negociación que deberá asumir el Estado, pues los señores de la contraparte hacen saber ahora que no están en condiciones de aportar económicamente, dada la precariedad monetaria y acercamiento a la pobreza en la que se desenvuelven muy a pesar de controlar el narcotráfico y negocios vinculados y ser el cuarto grupo terrorista más rico del mundo, por lo que indemnizar victimas de su parte no será posible además que son ellos las victimas y correspondería a los colombianos asumir tal obligación si quieren vislumbrar la fantasmagórica entelequia de la paz.

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* alfonsosuarezarias@gmail.com. Twitter: @SUAREZALFONSO

El enemigo del posconflicto

Por: Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo.

Adherido el paramilitarismo[1] a la cultura y a las propias lógicas del Establecimiento, su desmonte es, desde ya, el reto más difícil para cualquier imaginado y deseado escenario de posconflicto.

Sin haber sufrido mayor sanción social, el Paramilitarismo, como fenómeno, continúa vigente como fórmula de dominación económica, política y social de quienes siempre han estado dispuestos a hacer lo que sea necesario para mantener el statu quo.

Así entonces, la implementación y consolidación de escenarios de posconflicto[2] tiene y tendrá en el Paramilitarismo a su más enconado enemigo. Está claro que las estructuras  armadas no se desmontaron del todo después del “proceso de sometimiento”[3] que el Gobierno de Uribe Vélez le planteó a la comandancia de las AUC en el 2005. Por el contrario, las mal llamadas Autodefensas mutaron a grupos armados que actúan hoy por fuera del proyecto político con el que buscaron “refundar la Patria” y con el que lograron consolidar un proyecto económico asociado a actividades extractivistas (mega minería), ganadería extensiva y monocultivos como palma africana.

No podemos olvidar que el Paramilitarismo es la expresión del miedo que exhiben poderosas élites y sectores burgueses de perder privilegios y el control mafioso que históricamente han hecho del Estado colombiano.

En escenarios de posacuerdos es posible que veamos a una parte del Estado dispuesta a atacar y someter a las “nuevas” estructuras paramilitares. Las autoridades hablan de Bandas Criminales o neoparamilitares. Pero también será posible observar a sectores de poder estatal apoyando las acciones paramilitares porque estas hacen parte de la naturaleza bifronte  de un Estado que aún no logra conservar para sí el monopolio de las armas y que deviene sometido a los intereses privados de unas cuantas familias que lo controlan.

Dentro de la sociedad y la sociedad civil también subsisten sectores afectos al Paramilitarismo. De este fenómeno y de sus fuerzas se han servido para exhibir el odio contra aquellos que se atrevieron a plantear  ideas para mejorar las condiciones de vida de millones de colombianos víctimas de la mezquindad de elites y burguesía, y de un oprobioso modelo neoliberal, en el  contexto de un Estado sometido a las fuerzas del mercado y capturado por mafias asociadas a los partidos Liberal y Conservador y a movimientos políticos convertidos de tiempo atrás en los amanuenses y estafetas de dichas mafias.

El carácter relativo de la paz se afianzará y consolidará gracias a que el fenómeno paramilitar tiene un profundo arraigo cultural que una gran parte de la sociedad colombiana parece no advertir aún. Hay, entonces, una “Colombia Paraca” que se opone a los acuerdos de paz de La Habana, así como a cualquier cambio sustancial en las correlaciones de fuerza que están detrás de la triada Estado-Mercado-Sociedad.

No será fácil desmontar los valores  y principios que guiaron y guían a esas nuevas estructuras paramilitares. Más que un reto militar o policivo, estamos ante un enorme reto cultural. La Colombia del posconflicto necesitará de un nuevo ethos que permita reconstruir la ciudadanía, el sentido de lo público, reordenar el territorio y transformar el Estado.

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[1] Véase: Ayala Osorio, Germán. Paramilitarismo en Colombia: más allá de un fenómeno de violencia política. Cali: UAO, 2011.

[2] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2014/08/posguerra-posconflicto-o-posacuerdos.html

[3] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2015/09/dos-procesos-distintos.html

Cuidado con Uribe en el posconflicto.

Por: Germán Ayala Osorio.

Si las conversaciones de paz entre Farc y el Gobierno de Santos culminan de manera exitosa, el país deberá prepararse para pensar, diseñar y consolidar escenarios de posacuerdos y de posconflicto[1], en los que sea posible la implementación de los acuerdos de La Habana.

Los sectores que se oponen al Proceso de Paz entienden que la firma del fin del conflicto está cerca, y por ello, desde ya se preparan para enfrentar los desafíos que se vendrán en ese esperado escenario de posconflicto. Y saben que en las elecciones de octubre de 2015[2] se juegan en parte la estrategia y el objetivo mayor de evitar la consolidación del proyecto político de las Farc en zonas de interés de los líderes farianos. Incluye, por supuesto, las Zonas de Reserva Campesina que en esos escenarios de posacuerdos se planteen conformar o las que ya existen, con el claro liderazgo político de líderes cercanos al pensamiento de las Farc.

Quien desde ya se prepara para enfrentar, con las reglas de la democracia, la participación y la injerencia política de las Farc desmovilizadas y convertidas en partido político, es el senador Álvaro Uribe Vélez. Como gran elector y eximio gamonal, Uribe y su micro empresa electoral vienen reclutando para sus filas a ex militares y ex policías de disímiles rangos, con el claro propósito de enfrentar las aspiraciones políticas de quienes puedan tener o establecer hacia el futuro, coincidencias ideológicas y políticas con el partido político que recoja las banderas de lucha de las Farc, una vez estas hagan dejación de armas y aspiren a llegar a Concejos, Asambleas, Alcaldías y Gobernaciones.

Tanto las Farc, como Uribe, irán tras poderes locales y territoriales. Para las Farc, se trata de una vieja aspiración y un objetivo político, que medianamente lograron a través de la lucha armada:; para Uribe, simplemente, se trata de una estrategia política no solo para frenar los proyectos políticos y económicos que darán cuenta de lo acordado en Cuba, sino para fragmentar el poder central, en caso de que no pueda poner en la Presidencia de 2018, a alguien cercano a sus ideas o a quien le permita gobernar en la sombra.

Dice la revista Semana[3] que por lo menos hay 41 personas, entre militares y policías, que aspirarán a cargos de elección popular en las elecciones de octubre de 2015 bajo la sombrilla política e ideológica del Centro Democrático (CD). Entre los aspirantes se reconoce la presencia de los generales retirados del Ejército, Manuel Guzmán, quien buscará ser alcalde de La Mesa, Cundinamarca y Leonardo Barrero, quien aspira a dirigir los destinos de la Gobernación del Cauca[4].

Al hacerse con el control territorial en Boyacá, Cauca, Cundinamarca, Bogotá, Atlántico, Quindío, Tolima, Santander, Meta y Bolívar, el Centro Democrático podría convertirse en una gran fuerza política que muy seguramente se opondrá a la implementación de los acuerdos de paz, en la perspectiva de paz territorial planteada en las negociaciones de La Habana. De esta manera, y jugando con las reglas de la democracia, Uribe Vélez buscará torpedear los proyectos y las iniciativas que busquen consolidar la paz en aquellos territorios y en el resto del territorio colombiano.

No se trata, pues, de un asunto menor. Uribe está preparándose para enfrentar, políticamente, el proyecto político de las Farc y por esa vía, reestablecer, con el concurso de ex militares y ex policías, entre otros, las zonas de Consolidación que implementó en varios territorios durante su largo mandato. Contará, muy seguramente, con la influencia de Acore. De esta forma, y poco a poco, el país entrará en la militarización del poder político, y por esa vía, Uribe y sus áulicos, buscarán disciplinar a los sectores sociales y políticos que por diversas razones y circunstancias, encuentran coincidencias con el proyecto político que las Farc intentaron imponer a través de la conquista violenta del poder. Esa militarización de la política y de la democracia evitará la consolidación de los escenarios de posconflicto que las regiones deberán poner en marcha.

Que Uribe y los ex militares y ex policías que lo acompañarán en su aventura electoral de octubre de 2015 jueguen con las reglas de la democracia, no debe constituirse en un riesgo siempre y cuando se comprometan a mantener alejados del ejercicio del poder político, a aquellos grupos de ex paramilitares que se desmovilizaron y que hoy hacen parte de lo que las autoridades llaman Bacrim. Preocupa las cercanías ideológicas entre aquellos que en el pasado buscaron refundar la patria y el ideario político y económico que encarna Uribe Vélez, un neoliberal en lo económico, un conservador en los planos social y político y un militarista consumado que cree que quien no está con él, está contra él, de allí que de inmediato lo “gradúe” de enemigo de la Patria e incluso, de terrorista.

Si Uribe logra tal poder político-territorial, hay que dar por descontado que asistiremos al fracaso de los escenarios de posconflicto y de la paz territorial. Ojalá los colombianos entiendan que las elecciones de 2015 serán determinantes para consolidar la paz y voten por aquellos proyectos políticos que de verdad busquen la reconciliación entre los colombianos y no el uso del poder, para extender la exclusión política, social y económica en amplios territorios del país.

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[1] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com/2014/08/posguerra-posconflicto-o-posacuerdos.html

[2]  Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com/2015/06/elecciones-de-octubre-de-2015-en-juego.html

[3]  Véase: http://www.semana.com/nacion/articulo/general-llamado-por-santos-calificar-servicios-es-candidato-del-uribismo/439117-3

[4]  Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com/2015/07/un-general-para-el-cauca.html

Irrespeto a la dignidad humana!

Por: Alfonso Suarez Arias.

“La dignidad está dispuesta por encima de toda cotización y no admite negociación mientras las cosas tienen precio, las personas tienen dignidad”.

El fundamento de la razón de ser del Estado social de Derecho es el respeto de la dignidad humana promulgado así por la Constitución colombiana, en el imperativo de dar ordenamiento al conglomerado social dentro de la condición que sobrepasa el reconocimiento de atributos individuales a la relación de cuerpo y alma exigidos en la responsabilidad por sus propios actos.

La Dignidad Humana es principio fundamental, pedestal de los derechos humanos, no es otorgable ni mucho menos podría ser retirada de la persona, ni aún contra la voluntad, solo que se materializa en lal observancia incondicional y absoluta tanto por parte de las personas como de los Estados.

Por el mero hecho de pertenecer a la especie superior, le asiste el principio del Respeto, es decir, por su grandeza humana, y que no implora más que tratar siempre a otro, por lo menos con el mismo enaltecimiento con que espera ser tratado y valorado como persona, evitando causar daño, pero sí, el doble efecto que resulta de la procuración del bienestar de los demás.

A ese aparente simple principio del Respeto, se adhieren el de Justicia, Integridad y utilidad, todos encaminados a que las actuaciones individuales se agrupen en torno a la contemplación de la dignidad del ser, como eje fundamental de interpretación de la aplicabilidad de los derechos humanos.

La historia de la humanidad referencia el atropellamiento a ésta condición en todo tiempo. En la edad media la desigualdad social se sustentaba en los abusos de poder, el Holocausto de la segunda guerra mundial dejó atrás el Holodomorfo ruso y la hambruna española; claras manifestaciones del irrespeto al ser humano que conllevaron a la reflexiva Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.

La declaración de dignidad se complementa con el concepto de valioso, condición que ratifica el merecimiento por antonomasia del derecho a la vida, educación, cultura, trabajo, a poseer una vivienda, constituir familia, tener alimentación saludable y recreación, a la libertad excepto cuando es una pena que castiga un delito, hasta la metafísica interpretación que cada quien puede elegir su destino, vocación o ideas, pero dentro de la limitación del respeto a la dignidad de los demás, antagonista de tratos humillantes, indecorosos, discriminatorios, violencia y la desigualdad social ó jurídica.

Entender ahora la problemática surgida con la deportación masiva de colombianos desde Venezuela es sobreponer principios de soberanía y accionar potestativo de la razón de ser de los Estados contra los conceptos de discriminación, xenofobia dirigida, nacionalismo o la exteriorización del irracionalismo delirante de un orate con poder afanado en el logro de sus metas personales, que finalmente conducen a una crisis humanitaria en medio de una problemática delimitada por consecuentes actos delictuosos.

La frontera es el sitio de confrontación de codiciosas pasiones políticas, desarrollo o atraso económico, delitos como el contrabando o señalamientos de paramilitarismo compiten ahora para hacer más notorio el drama del desplazamiento, el despojo y violación al concepto de integridad personal y cuya consecuente acción no distingue entre humildes, soterrados facinerosos y ciudadanos de ambos países afanados por sobrevivir.

Ahora es más claro concluir que el Contrabando será la mutación del narcotráfico en el siglo XXI, un argumento para deportación, persecución y el torpedero de la dignidad humana y aun así, podrán los jefes de Estado negociar condiciones mercantiles en las fronteras, pero nunca podrán endosar en dinero la humillación de un ser humano.

“¿Qué viene para el país y para nuestro pueblo si seguimos en guerra?” Entrevista con el ELN.

SimplementeOpinión en marco del primer Congreso Online de Ciencia Política: Conflicto y Postconflicto, tuvo la oportunidad de hablar con representantes de la emisora ELN RANPAL*, compartiendo su opinión sobre la paz en Colombia.

*Militantes del ELN, parte de la Radio Nacional del ELN.

¿Qué es la paz para ustedes? Creen que luego de 51 años ¿permanecer en armas sin haber tomado el poder representa un fracaso?

Nosotros resumimos la Paz en hechos concretos. No puede haber Paz con hambre, con injusticia social, sin educación gratuita, sin salud gratuita, sin oportunidades de trabajo y de vivienda digna para todos. No puede haber #Paz con multinacionales robándose nuestros recursos y masacrando y desplazando a poblaciones enteras para robarlos.

Ahora bien permanecer 51 años alzados en armas no es algo que decidimos. Es algo que asumimos ante la guerra desatada por elites. Desde los años 30 hubo una contrareforma sangrienta patrocinada por empresarios y terratenientes colombianos que nadie frenó. Nosotros solo somos hijos de esos más de 300 mil asesinados en los primeros años de esa violenta contrareforma agraria hace más de 51 años, la oligarquía colombiana declaró una guerra cobarde y desigual contra el pueblo y no la han ganado. No ha logrado la oligarquía colombiana acabar las movilizaciones, los sindicatos, las luchas estudiantiles y campesinas, etc.

Nosotros no buscamos el poder…el poder debe estar en manos del pueblo y de sus líderes nacidos de sus entrañas (poder popular), nosotros luchamos para que el pueblo tome conciencia que hay unos quijotes, que luchan hasta que el pueblo tenga el poder así que nuestra lucha de 51 años no es un fracaso y estamos dispuestos a mantenernos firmes, los años que toque seguir luchando

Tocaron un tema importante, el de la Democracia. Cómo ven la Democracia en Colombia ¿Permite hablar de Paz?

Consideramos primero que el término democracia es un saludo a la bandera. No existe democracia en Colombia. Hay una CLEPTOCRACIA. Para quienes gobiernan Colombia, la Paz o la guerra son bandera que usan, para hacerse elegir. Esos temas no los afectan.

¿Cómo ven a la Iglesia colombiana hoy? ¿Hay todavía algo de Teología de la Liberación dentro del ELN?

Bueno respetamos mucho a la iglesia y sabemos que un gran sector de la población colombiana aún cree en esa institución. Las ideas de los comandantes Camilo, Manuel Pérez, Domingo Laín y de José Antonio Jiménez Comín están vivas en nuestra política. Somos marxistas-leninistas pero el aporte político de la teología de la liberación sigue intacto y vigente y no hay contradicción.

Resumiendo, la iglesia es importante y debe buscar mayor protagonismo en los diálogos, como un actor importante.

En la actual coyuntura hay entre los colombianos una gran percepción negativa al hablar de lograr la paz dialogada. Cómo ven el método de dialogar en guerra.

Un inmenso pero sobre todo inhumano error que demuestra la poca voluntad de Paz de Santo, el cuento de que un cese solo nos permitirá rearmarnos es un sofisma, pues nosotros estamos listos para más guerra o larga Paz.

Santos y oligarquía que representa, no está interesado en la Paz con cambios, por eso su discurso de diálogos en medio de balas, pero lo triste de imposición de dialogar en medio de la guerra es que somos los del pueblo los que nos estamos matando y muriendo.

¿Cómo ven el actual proceso con @FARC_EPaz? ¿Cómo va la fase exploratoria con el @ELN_RANPAL? Realmente se encuentra “estancada”

Respetamos el proceso de diálogos con @FARC_EPaz… respetamos la metodología planteada y creemos en la voluntad de paz de la FARC.

Sobre la fase exploratoria no se han logrado más avances de los expresados por nuestros comandantes en entrevistas públicas y sobre el supuesto “estancamiento” del que habló Don @JuanManSantos, nuestro comandante Nicolás ya se expresó sobre el tema (Audio en).

La coyuntura reciente de ataques terroristas plantea la pregunta ¿Le temen a los “spoilers” o saboteadores del proceso de paz?

Nos preocupan, porque pueden torpedear esfuerzo que desde las insurgencias venimos haciendo por encontrar una salida a la guerra. Pero el peor saboteo es la pasividad de millones de colombianos que padecen la miseria, el hambre, la falta de educación y de paz el peor saboteo es que millones de colombianos no se movilicen y crean el cuento de Santos que es “dueño de la llave de la Paz”.

Si los esfuerzos de paz fracasan, ¿Qué viene para el @ELN_RANPAL?

Seguiríamos trabajando por la #PAZ, dispuestos a dialogar con los gobiernos que sigan al de Santos y luchando junto al pueblo. Como dijo nuestro comandante Pablo Beltrán en una entrevista para http://ranpal.net  en enero: “tenemos un plan B”, pero lo más importante y devolvemos la pregunta: ¿qué viene para el país y para nuestro pueblo si seguimos en guerra?

Por último @ELN_RANPAL un mensaje de reconciliación y de esperanza para toda Colombia.

Enviamos un saludo pleno, fraterno, lleno de voluntad sincera de Paz para todo el pueblo colombiano, el pueblo colombiano puede contar con voluntad sincera del ELN de encontrar una salida política al conflicto con cambios de fondo. No hay agendas ocultas, ni intereses escondidos en nuestra búsqueda de Paz, y el pueblo colombiano (la gente humilde) lo sabe.

Y después de los bombardeos…

Por Germán Ayala Osorio.

Los recientes golpes militares, a través de bombardeos, que las Fuerzas Armadas le propinaron a las Farc, en Guapi, y en otras zonas del país, no lograron suspender los diálogos de La Habana, a pesar de la notable molestia que generó en varios miembros de la cúpula de la organización subversiva y que se evidencia en un reciente comunicado emitido desde territorio cubano.

Mayores fueron los efectos que produjo el “secuestro”, “retención” o “captura” del General Alzate, en tanto que los diálogos fueron suspendidos. Si se comparan estos eventos, se pueden establecer algunas inferencias, que bien pueden explicar porqué las Farc no suspendieron las negociaciones y hacia dónde va el proceso de paz

En el caso del General Alzate, sin duda, la presión política, militar y mediática, se hizo sobre la base de una lectura de clase, sujeta, por supuesto, al alto rango que ostentaba el militar capturado o secuestrado.

En el caso de los soldados asesinados por las Farc en la zona del Naya, en el Cauca, la presión mediática y militar fue tan fuerte, que Santos reversó la medida adoptada por él, consistente en no bombardear los campamentos de las Farc. Aunque no hubo lectura de clase por la muerte de los soldados, lo que sí hubo fue una lectura lastimera y profundamente inconveniente, dado que a los caídos, el discurso noticioso les desdibujó su condición de combatientes, lo que facilitó a la dirigencia militar, presionar al Presidente para que levantara la medida y facilitar así la retaliación de la Fuerza Pública, cuyos resultados ya el país conoce (más de 34 guerrilleros asesinados en tres bombardeos, entre ellos dos comandantes). Es decir, la vida de los soldados cuenta, en la medida en que se valoran las circunstancias en las que mueren, siempre en la perspectiva de soslayar su condición de combatientes.

La respuesta de las Farc de suspender el cese unilateral del fuego se entendió como un retroceso, en la medida en que ello garantizaría, en el corto y el mediano plazo, el re escalamiento del conflicto. Hasta el momento, salvo un reciente hostigamiento a un puesto de Policía en el Cauca, las Farc aún no han dado un golpe contundente que pueda ser entendido como una clara acción militar de venganza, ante los fuertes golpes recibidos en Guapi y en otras dos zonas del país.

Así entonces, los casos del General Alzate, los soldados asesinados por las Farc en el golpe de mano en el norte del Cauca y los guerrilleros caídos por los feroces bombardeos de fuerzas combinadas de Ejército y Fuerza Aérea, exponen diversas circunstancias contextuales que los hacen diferentes, no solo por los efectos que produjeron en su momento, sino por las reacciones de actores de la sociedad civil y del estamento militar, que presionaron decisiones de parte y parte.

A pesar del tono de un reciente comunicado, pareciera que las Farc asumieron los recientes golpes recibidos, como actos de guerra. En la misiva señalan: “El pasado 21 de mayo el presidente Juan Manuel Santos dio la orden de bombardear un campamento del 29 Frente de las FARC-EP en Guapi. El resultado de esta orden, ejecutada con uso excesivo de la fuerza, fue una masacre. Murieron 27 guerrilleros, la mayoría por efecto de las bombas…”[1].

Y aceptan las Farc que fueron hechos de guerra, porque muy en el fondo saben que dicha acción estatal se explica por el golpe que semanas atrás dieron a las fuerzas oficiales, con un saldo de 11 soldados muertos. Reconocen, sin decirlo, que se trató de un error, que finalmente minó la confianza pública que se venía consolidando alrededor del proceso.  Los medios, el Presidente y la cúpula militar, calificaron la acción fariana como una masacre. Como se lee en el comunicado, las Farc también hablan de una masacre.

El hecho de que las Farc no hayan suspendido los diálogos, a raíz de los contundentes golpes recibidos, hace pensar a muchos analistas que el proceso de paz está maduro y que subsiste un férreo compromiso de las partes para avanzar hasta el final, cuando se firme el fin del conflicto armado.

Que contundentes hechos de guerra sufridos recientemente, no impulsen a las Farc a suspender las conversaciones o, a pararse de la mesa de La Habana, da cuenta de una cúpula guerrillera más dispuesta a dar la discusión, más en un sentido político que militar, de los puntos que quedan por acordar y discutir, así como sobre las salvedades que quedaron al margen de los tres puntos ya acordados parcialmente. De esta manera, los líderes farianos se muestran más dispuestos a discutir en la Mesa, asuntos políticos, que hechos de guerra que claramente sobrevendrán cubiertos de un carácter vindicativo.

Y así lo deja entrever la cúpula de las Farc en reciente comunicado:  “Queremos afirmar de manera enfática, que se equivocan quienes piensan que con los cuerpos destrozados y la sangre de nuestros compañeros, van a imponernos una justicia que no persigue la responsabilidad de los poderosos, que solo fija su mirada punitiva en los de abajo, en los que tuvieron que hacerse rebeldes contra la injusticia, en una lucha que ya se prolonga por 51 años, cuando en una fecha como hoy, mayo 27, fueron atacados en Marquetalia. Ese tema, el de justicia, deberá ser abordado por las partes en su debido momento. No lo rehuimos. Tenemos fórmulas para buscar la reconciliación de la familia colombiana. No hemos venido a La Habana a negociar impunidades. Pero primero deberá darse una respuesta al paquete de propuestas mínimas sobre víctimas del conflicto que hemos presentado al gobierno en la Mesa de Conversaciones y que recogen las formuladas desde hace años por las organizaciones de víctimas y de Derechos Humanos.  Es urgente cumplir el mandato de la Agenda que ordena, entre otros, el esclarecimiento del fenómeno del paramilitarismo, y especialmente, su ataque y desarticulación definitiva. Tenemos que estudiar las responsabilidades de este largo conflicto, retratadas en el informe de la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas…”[2].

Si la lectura es correcta, el rompimiento del proceso de paz no se daría por cuenta de feroces ataques y las “bajas” que las Farc puedan recibir en adelante. Por el contrario, la ruptura se explicaría y se buscaría, si es el caso, por los avances, compromisos y por lo acordado en la Mesa de La Habana. Estaríamos hablando, entonces, de una madurez política de las Farc, que pondría a prueba el talante político de los representantes del Gobierno y del Establecimiento, en la medida en que se dé una negociación que satisfaga a quienes de tiempo atrás, vienen exigiendo, por ejemplo, el desmonte del paramilitarismo y el develamiento de los grandes empresarios que patrocinaron a las AUC.

Eso sí, de cara a una próxima incursión guerrillera, con saldo negativo para la Fuerza Pública, se espera que, a pesar de las presiones de RCN, de Acore y de los mismos militares, el Gobierno de Santos adopte la misma postura de los negociadores de las Farc, de no  suspender los diálogos, y menos aún, de pararse de la Mesa.

Lo cierto es que el proceso de paz deviene debilitado en términos de la confianza pública que había ganado, pero especialmente, por ese carácter vengativo sobre el cual están pensando actuar, en adelante, militares y guerrilleros, muy seguramente, con la anuencia de sus comandantes.

[1] Tomado de http://www.semana.com/nacion/articulo/jairo-martinez-negociador-de-las-farc-en-la-habana-cayo-en-bombardeo/429185-3

[2] Tomado de http://www.semana.com/nacion/articulo/jairo-martinez-negociador-de-las-farc-en-la-habana-cayo-en-bombardeo/429185-3