La gestión de las crisis sociopolíticas ¿Prevención y/o cambio estructural?

Por: Vicenç Fisas | Institut Català Internacional per la Pau

El presente estudio parte de una pregunta que se ha estado haciendo el autor, desde hace años, sobre si en el mundo se hace lo suficiente para gestionar, de una manera positiva y transformadora, las numerosas crisis sociopolíticas que se van presentando, ya sea para evitar la presencia de la violencia física que provoca víctimas mortales, o para evitar una escalada que convierta estas crisis en Capturaconflictos armados.  El trabajo de la persona que investiga, a diferencia de la puramente documentalista, ha de caracterizarse por su capacidad inquisitiva, de hacerse preguntas continuamente y de intentar hallar las respuestas. El segundo cuestionamiento, que es el que da lugar al subtítulo del libro, es si basta con prevenir la violencia o hay que ir más allá de eso, para adentrarse profundamente en las raíces de las crisis.  El trabajo de la persona que investiga, a diferencia de la puramente documentalista, ha de caracterizarse por su capacidad inquisitiva, de hacerse preguntas continuamente y de intentar hallar las respuestas. El segundo cuestionamiento, que es el que da lugar al subtítulo del libro, es si basta con prevenir la violencia o hay que ir más allá de eso, para adentrarse profundamente en las raíces de las crisis. Consulte el libro completo de Vicenç Fisas aquí.

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Cuatro elementos en posconflicto

Por Germán Ayala Osorio, comunicador social y politólogo

Después de que el Gobierno de Juan Manuel Santos Calderón (2010-2018) y la cúpula de las Farc-Ep, a través de sus plenipotenciarios, negociaran en La Habana el  fin del conflicto armado, el país político, la llamada opinión pública, los medios masivos de comunicación y diversos representantes de la sociedad civil entraron, facilitaron y auparon un agrio enfrentamiento ideológico.

En escenarios como el Congreso, en las mismas calles de ciudades capitales y en particular en las redes sociales, la pugnacidad entre quienes apoyan el documento que da vida política y jurídica al Pacto de Paz y aquellos que lo rechazan, ha servido para aumentar y consolidar la polarización que el país arrastra desde 2002, lo que muy seguramente explica el cansancio y el desinterés de un sector poblacional que parece no dimensionar lo que significa la desaparición de las Farc-Ep como guerrilla y el “ahorro” de más víctimas. Según el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), “el proceso de paz previno, al menos, la muerte de 2.796 personas, cifra que incluso puede ser mayor según el periodo con el que se compare[1].

A pesar del principio ético que rodea el Pacto de Paz y motiva la defensa del proceso de paz por parte de cientos de miles de colombianos, hay sectores de poder económico, político, empresarial y militar que insisten en que el Acuerdo Final (II) resulta inconveniente para el país, cuando lo que sucede es que varios de sus  miembros ven que sus intereses particulares podrían ser tocados y examinados a la luz de lo definido en el Pacto de Paz. Intereses, claro está, que guardan un estrecho vínculo con actividades ilegales y otras, que a pesar de estar dentro de la legalidad, resultan impropias y poco éticas.

El enfrentamiento político que suscitó el proceso de paz desarrollado en La Habana y  el consecuente documento con el que se busca alcanzar una paz estable y duradera, ponen en evidencia cuatro elementos sobre los cuales giran tanto las aspiraciones y deseos de quienes respaldan lo firmado, como las de los sectores de poder que definieron teleológicamente, para el 2018,  echar para atrás lo negociado, a pesar del  blindaje que rodea el señalado tratado de paz con el que se puso fin a 53 años  de hostilidades en el marco de un conflicto armado irregular.

Presento uno a uno los cuatro elementos:

Un primer elemento guarda relación con la superación de las circunstancias históricas que justificaron el levantamiento armado en los años 60, las mismas que se buscan superar con la implementación de lo acordado en Cuba. En particular, se busca avanzar a través de la superación de las condiciones de inequidad, abandono, pobreza y la concentración de la tierra en pocas manos que soportan y afectan la vida de  campesinos, afrocolombianos e indígenas que sobreviven en los sectores rurales del país. Por supuesto, quienes lideran los ataques y las campañas en contra del Acuerdo Final tienen fuertes intereses en que esto no se logre, por cuanto hacen parte de un grupo privilegiado de latifundistas, ganaderos y propietarios de extensos territorios dedicados a cultivos de palma africana, entre otros monocultivos, y otros terrenos con los que especulan desde la perspectiva inmobiliaria. A estos señores les conviene mantener las condiciones de miseria en el campo porque de esa manera consiguen mano de obra barata, al tiempo que hacen ingentes esfuerzos para continuar  erosionando los procesos organizativos de indígenas, afros y campesinos.

Un segundo elemento tiene que ver con las dificultades esbozadas en los actos de habla de los detractores y enemigos de la paz, que dan cuenta de lo difícil que será superar los odios y resquemores de cientos de miles de colombianos que no aceptan las condiciones y mucho menos el principio ético en el que se sostiene el modelo de justicia transicional (restaurativa) que se aplicará para juzgar a los miembros de las Farc, a integrantes de la Fuerza Pública y a civiles que hayan cometido y aupado la comisión de delitos de lesa humanidad. Quizás allí se concentre el mayor obstáculo social y político que enfrentará Colombia en el escenario electoral de 2018, en la medida en que un importante número de votantes podrían respaldar las candidaturas de Germán Vargas Lleras[2], Alejandro Ordóñez Maldonado[3] y “el que diga Uribe”, empeñadas todas en hacer “trizas ese maldito papel que llaman el Acuerdo Final”[4], o modificar la estructura jurídica del Pacto de Paz y por esa vía, echar por la borda el tiempo y los esfuerzos invertidos en una compleja negociación política de más de cuatro años.

Quienes así piensan proceder en las elecciones de 2018, lo harán apoyados en la falsa premisa o idea que el latifundista, ganadero y caballista, Álvaro Uribe Vélez logró posicionar en la opinión pública (y en la publicada), gracias al apoyo periodístico de medios como RCN, La FM y la W, entre otros. Esta proposición señala que habrá impunidad. El equívoco conceptual en el que incurre deliberadamente del ex presidente (2002-2010) jamás fue advertido o controvertido por los periodistas que, convertidos en sus estafetas, lograron que miembros de sus audiencias repitan como loros la falaz idea.

Un tercer elemento guarda estrecha relación con el lugar que millones de colombianos le dieron en el pasado al conflicto armado entre las Farc-Ep y el Estado colombiano y por supuesto, el que hoy le dan a la posibilidad de construir la paz en el país. Por tratarse de un conflicto armado que se desarrolló especialmente en las zonas rurales y selváticas, millones de citadinos jamás comprendieron la naturaleza de la guerra interna y mucho menos están en la capacidad y tienen el interés de comprender los alcances y los beneficios que trae para el país haberle puesto fin a un largo y degradado conflicto armado de 53 años. Es decir, el carácter marginal[5] con el que se asumió política y socialmente esta guerra irregular, sirve hoy para que muchos asuman de la misma manera el fin del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. Craso error.

Y un cuarto elemento que bien puede servir de bisagra y ser la fuente en la que se reproducen los tres anteriores, tiene que ver con la baja cultura política  de los colombianos. En los agrios enfrentamientos presentados entre aquellos que respaldan la construcción de una paz estable y duradera en las condiciones negociadas y aquellos que no, se evidencia una enorme ignorancia e incapacidad cognitiva. La pobreza cultural y las deficiencias cognitivas de cientos de miles de compatriotas es un factor que los promotores de la paz, entre estos la Academia, y el propio Gobierno, no han tenido en cuenta al momento de hacer los pocos e inefectivos ejercicios pedagógicos puestos en marcha para convencer a los colombianos de las ventajas que trae haberle puesto fin al conflicto armado interno.

El reciente llamado del ministro del Interior, Guillermo Rivera deja entrever algo de desespero y preocupación por la tozuda postura asumida por Uribe y otros sectores de poder político en contra de la implementación de lo firmado en La Habana. Dijo Rivera que “Esta es la paz de todos los colombianos y por eso hemos invitado a las organizaciones de la sociedad civil que son proclives a la paz a que manifiesten su respaldo a este proceso de tal manera que el mismo se haga irreversible, y que aquellos cantos de sirena que señalan que hay que hacer trizas el acuerdo, se conviertan en un mal chiste[6].

Quizás convenga mirar y examinar los cuatro (4) elementos aquí planteados, de cara a que el Gobierno diseñe mejores estrategias publicitarias con el objetivo de enfrentar decididamente las falacias a las que apelaron los detractores y enemigos de la paz el 2 de octubre de 2016, y que son las mismas que usarán en el ya cercano escenario electoral de 2018.
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[1] Véase: http://blog.cerac.org.co/

[2] Véase: http://conlaorejaroja.com/los-presidenciables-i/

[3] Véase: http://germanayalaosoriolaotratribuna.blogspot.com.co/2017/06/la-cruzada-de-ordonez-maldonado.html

[4] Véase: http://germanayalaosoriolaotratribuna.blogspot.com.co/2017/05/se-destapo-la-ultraderecha.html

[5] Véase: http://laotratribuna1.blogspot.com.co/2017/02/marginal.html?spref=bl

[6] Tomado de: http://www.lafm.com.co/nacional/gobierno-convoca-movilizacion-defender-los-acuerdos-paz/

Perfil de los padres de la patria

Por: @SUAREZALFONSO

🗽Quien pretenda representar al pueblo en el Congreso, debe de estar inscrito en una vitrina abierta en la que se pueda examinar que sí posee las calidades meritorias, bien sea porque es ilustre, carismático o que emergiendo de una condición social igual, demuestre una pública capacidad de superación.

🌄 Pero no es ventajoso, si resulta siendo una persona de conducta social irregular, en tal condición se corrobora que ha escalado a esa posición mediante un proceso sociopolítico imperfecto apuntalado por la eficacia de la iniquidad y aprovechándose de cierto poder y capacidad de corromper que le permitiría instalarase en una curul para hacerse llamar “honorable congresista”.

💰El elegido a congresista por mandato del pueblo participativo, sobresale como símbolo de la democracia, es el referente social que se obliga explícitamente a cumplir la Constitución política y a legislar con honor, para garantizar a los ciudadanos, a sus votantes, los derechos y las libertades promulgadas como base del Estado social de Derecho.

🏁Quienes aspiran a llegar al Congreso, deben mostrar respeto por  sus potenciales electores desde la campaña y en ejercicio de actividades comunitarias, y eso empieza con la presentación de propuestas concretas y proyectos serios y realizables a la hora de pedir su voto.

💡Según el artículo 172 de la Constitución de Colombia: para ser elegido Senador; “se requiere ser colombiano de nacimiento, ciudadano en ejercicio y tener más de treinta años de edad en la fecha de la elección, para  comparecer como representante , vale que tenga 25 años de edad “.

💹 Pero así no esté escrito, en todos los casos requiere de cualidades indiscutibles y válidas condiciones sociales, políticas y económicas; estratificación, carisma, personalidad, así como; formación educativa, moral, ética, filosófica, y trascendencia de  su ejercicio democrático en la vida de su comunidad.

📄💲La personalidad debe ser referente de su estudio y formación en la democracia, equilibrado intelectualmente, empático, hábil y capacitado, innovador  de ideas y formalismos, defensor legítimo de sus opiniones y acciones, que aporten  a su buena gestión, porque el país tiene que prosperar con orientación y soberanía  en  muchas áreas.

📦Es exigencia para el elector, evaluar en su elegido su ascendencia en la corrupción, bien a nivel público o en el sector privado, así mismo de su virtuosismo como promesero, aquel que en campaña promete y después incumple, pero, lamentablemente en Colombia, no puede ser Congresista quién quiera, sino quién puede. Y ese poder está contenido con otros valores diferentes a la capacidad intelectual y calidad educativa, hasta el de imposición por una negociación después de años de insurrección.

📤📩Pero si es solo por ejercicio democrático, hay que disponer de un buen presupuesto, contar con el respaldo del cacique de turno para que lo avale y llegado el momento el auspicio de gamonales y mercaderes de votos, aquellos conocidos  “coordinadores de campaña”.

💸¿Quién quiere ser Congresista?
-No cualquiera puede serlo-.

Science and Sovereignty: the use of scientific evidence in International Disputes, Conversatorio con Brendan Plant, PhD de Cambridge University — Acedi * Cilsa

Como parte del programa de Almuerzos-Conversatorios ‘Brown Bag Lunch Series’ de la Maestría en Derecho Internacional de la Universidad de La Sabana, el día miércoles 18 de mayo a la 1:15 pm tendrá lugar el Conversatorio “Science and Sovereignty: the use of scientific evidence in International Disputes”. El Conversatorio estará a cargo del Profesor […]

A del página web: Science and Sovereignty: the use of scientific evidence in International Disputes, Conversatorio con Brendan Plant, PhD de Cambridge University — Acedi * Cilsa

Reconciliación

Por: Alfonso Suarez Arias*

“La reconciliación debe ir escoltada por la justicia, de lo contrario no va a perdurar”.

¿Que se necesita para encender una vela?,  de seguro la respuesta más rápida será: ¡Un fósforo! pero no, al argumentar se deduce que lo primero es: ¡la vela!,  el elemento básico para que la proposición tenga sentido. En Derecho se le pondera con la premisa: “sine qua non”, atañendo a la importancia que se sucedan los eventos en un previo orden conducente a resultados indiferentes de la realidad.

Para que exista reconciliación, se advierte previamente el conflicto y así ocuparse en la posibilidad de dinamizarlo positivamente, cuando el conflicto surge genera pugna, pelea, lucha, desafío, enfrentamiento o discusión, de tal modo que una de las partes proyecta imponerse, simplemente es una situación donde no están de acuerdo y sobre lo que  no se  ha podido resolver.

Desde luego, cabe aquí muy bien la reclamación ante cualquier discurso calificador de la conducta social, ¿debería buscarse la reconciliación de todos los colombianos con todos los colombianos?,  Y la contestación tiene que  ser dentro del contexto de “síne qua non”, un  SI  rotundo. Porque si ya existe el conflicto como tal, hay que encender el cerillo que  atice esa  luz  y consuma  la vela del conflicto.

Pero, esa reconciliación ha de edificarse sobre unos cimientos  fortalecidos con ladrillos de la lealtad y honestidad aglutinados en la discusión de los asuntos públicos. De esa polémica puede y debe desprenderse un nuevo compromiso y una nueva habilidad  para  acordar el funcionamiento de las relaciones del Estado con los subversivos y las personas, en camino de dar fin al conflicto y finalmente de victimas con victimarios dentro de la reciprocidad y encargo institucional de propiciar el ambiente de paz que sostenga el bienestar general de todos, como lo manda la Constitución.

Aun teniendo a disposición todos los mecanismos alternativos para dar solución a los conflictos, invocando la ley como regulador de las relaciones conductuales de la sociedad  y del Estado, se requiere de la voluntad  individual  para acercar la reconciliación a otros fenómenos  primarios y de cuya importancia y aplicación es la calidad de tal; El perdón como elemento restaurador de la vida  personal y la tolerancia como valor agregado al comportamiento conductual de la sociedad.

Entonces, no es fácil implementar  la práctica de reconciliar a las personas, cuando realmente debe exigirse superar esos variados prejuicios en un mundo de humanos dirigido por humanos, que anteponen el respeto a la misma dignidad personal por la imposición de ideologías  en fase experimental  o de  conocido fracaso y quimera de algún orate allegado al poder, de quien parte el antivalor más decepcionante y dañino para la dinámica social como lo es la corrupción.

Tal elemento es irreconciliable y queda por fuera de todo razonamiento tendiente a establecer mejores relaciones conductuales entre las partes, el Estado y el pueblo.

Se habla de reconciliación  nacional en el sentido de aceptación por parte del ofendido de la conducta contraria del ofensor, como si con  ello se saneara las relaciones y  se diera inicio a una nueva situación sustentada en mejores y efectivas convenciones de vida, pero lo realmente irrebatible es que exista una inmune actuación que garantice simpatía institucional entre el pueblo con la Policia, Ejército, Alcaldias, Gobernantes, Gremios, Sindicatos, Patronos, y el personaje objeto de nuestro entendimiento, “ los reinsertados”, aquellos que superado el conflicto, estén dentro de unos acuerdos y sean candidatos a participar activamente en la democracia asociativa bajo normas de respeto  y convivencia agradables  y sociables.

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alfonsosuarezarias@gmail.com Twitter: @SUAREZALFONSO